12/26/2005

El noviembre francés

Los sucesos que tuvieron lugar en las barriadas marginales de la mayoría de las ciudades francesas durante el pasado mes de noviembre, esto es, la destrucción sistemática de coches y edificios e instalaciones públicas y privadas mediante incendios provocados, y todo ello aderezado con agresiones a la policía y a todo aquel que se opusiera al furor destructivo que dominaba a los jóvenes desarraigados e inadaptados autores de estos hechos, nos debería llevar a una reflexión sobre nuestra actual sociedad y a preguntarnos qué estamos construyendo y hacia dónde vamos. ¿Qué pasó exactamente en Francia el pasado noviembre? ¿Por qué jóvenes de los suburbios, primero de los alrededores de París y luego del resto de Francia se lanzaron a una orgía de destrucción y vandalismo sin precedentes en la historia de la republica francesa? Y sobre todo, ¿cómo es posible que un gobierno democrático y de una nación plenamente desarrollada no sea capaz de parar unos disturbios en sus ciudades y ni tan siquiera de saber por qué tienen lugar o quienes los están provocando? La causa inmediata de este estallido de violencia fue la muerte accidental de dos jóvenes adolescentes de una ciudad dormitorio del norte de París, Cliché-sous-Bois, al parecer cuando les perseguía la policía, sobre las causas más profundas nadie se pone de acuerdo. Lo que parece evidente es que el argumento de la extrema derecha (sobre todo americana y española) de que es una revuelta originada en las mezquitas no tiene sentido, ya que los principales protagonistas de estos hechos no son exclusivamente de origen árabe, ni siquiera se limita a hijos de inmigrantes, y además los jóvenes de ascendencia magrebí están en la mayoría de los casos totalmente secularizados. El denominador común sería más bien la pobreza, la falta de perspectivas vitales y laborales y la rabia acumulada contra un sistema y un estado que consienten y perpetúan dicho estado de cosas. El estado, no solo el francés, sino en general todos los de occidente, viene delegando cada vez más sus funciones en el sacrosanto mercado, y se limita casi exclusivamente a garantizar la seguridad, es decir, la seguridad del actual sistema económico, social y político, para el cual parece no haber alternativa, y de quienes se benefician de el. Esta situación, como digo general en Occidente y en gran parte del mundo, se agrava en el caso francés con el claro agotamiento e incapacidad de su clase política, sin ideas ni soluciones de ningún tipo para la problemática actual del país y la crisis económica en la que lleva varios años sumergido, y que a lo único que aspiran es a ocupar el trono republicano que en 2007 deje vacante Chirac. De hecho, el intrigante y ambicioso ministro de interior, Nicolás Sarkozy, ha salido muy beneficiado políticamente de todo este asunto, ya que ahora mismo es el político más valorado en Francia, por delante de su principal rival, el primer ministro Dominique de Villepin. La revuelta de los arrabales franceses no es más que un síntoma de los males que aquejan a nuestra sociedad, y debe ser tomada como un aviso de lo que puede pasar en el futuro si no corregimos el rumbo hacia la absoluta deshumanización que está tomando nuestro sistema social, político y económico. Por tanto no debemos tomarlo a la ligera, sino intentar desentrañar sus claves e intentar articular soluciones ante una problemática que aunque no queramos creerlo puede llegar a afectar a todos los ciudadanos de Europa. Luis Miguel Fernández López

10/20/2005

La entrada de Turquía en la Unión Europea o el tercer sitio de Viena

El lunes 3 de octubre alrededor de la medianoche se produjo en Luxemburgo un hecho histórico de considerable importancia para el futuro de nuestro continente. Se iniciaron oficialmente las negociaciones que terminarán con la admisión de Turquía, país de mayoría musulmana, en la Unión Europea, que hasta ahora se había mantenido exclusivamente como un club cristiano. Conversaciones que comenzaron tarde y que estuvieron a punto de aplazarse “sine die”, y todo ello gracias al veto, o mas bien amenaza de ello de ese pequeño y muy conservador país alpino que es Austria. Por la firmeza de la negativa austriaca para iniciar conversaciones con Turquía parecía que de nuevo el sultán Solimán el Magnífico o el gran visir Kara Mustafá a la cabeza de sus jenízaros, estaban ante las puertas de Viena y amenazaban el occidente cristiano. Es como si el espíritu del príncipe Eugenio de Saboya animara secretamente las opiniones y voluntades de los políticos, periodistas e intelectuales austriacos, así como de la mayor parte de la población (cerca de un 90%), que se niegan con total rotundidad a aceptar al antiguo enemigo otomano bajo un mismo techo. Pero estos antiguos fantasmas fueron enseguida aplacados cuando el gobierno austriaco escucho la música que realmente quería oír, esto es, el levantamiento del veto al inicio de las conversaciones de adhesión con Croacia, que hasta 1918 formaba parte del Imperio Austro-Húngaro, y a los que siempre se ha considerado fieles aliados tanto en Viena como en Berlín. En la antigua monarquía danubiana ha influido la imagen histórica de país enemigo, pero en otros muchos países de Europa sin rivalidad histórica con Turquía como Francia o Alemania las encuestas de opinión nos dicen que la población también se opone mayoritariamente a aceptar a los turcos en la Unión. Esta fuerte oposición tiene que ver con el momento de crisis económica y espiritual que está atravesando el Viejo Continente, y que se expresa en el miedo y ansiedad de su población ante cualquier novedad o cambio planteado, y por descontado ante una nueva ampliación. Si además el nuevo candidato es un país de religión musulmana y asociado a esa particular idea de Oriente que tenemos en Europa, el miedo se dispara y se convierte en pánico. Pánico al terrorismo islámico, a recibir nuevas corrientes migratorias protagonizadas por musulmanes, pánico en definitiva a que Europa, creadora de la civilización occidental, pierda su identidad diluida en masas de población extrañas a nuestra cultura. Sin embargo, si nos paramos a reflexionar y analizamos fríamente la situación actual de Turquía, y que representa su ingreso, aun muy lejano, en la Unión Europea, nos daremos cuenta de que en realidad no debemos tener miedo, sino mas bien aceptar con agrado este paso dado por los 25. En los últimos dos años, y con un islamista moderado como primer ministro, Turquía se ha equiparado al resto de democracias europeas, eliminando de su legislación la pena de muerte y la prohibición para los kurdos de utilizar y aprender su legua materna. Así mismo se ha conseguido acabar casi por completo con la práctica generalizada de la tortura por parte de los cuerpos de seguridad del estado. La economía turca esta lanzada también desde hace un par de años, con índices de crecimiento en algunas partes del país de cerca del 9%, algo que en Europa no se conoce desde la posguerra. Por otra parte, el hecho de que la republica turca desde su instauración por Mustafa Kemal Atatürk sea absolutamente laica debería alejar nuestros miedos con respecto a introducir un caballo de Troya de los islamistas radicales en la Unión. En Turquía está prohibido cualquier partido que no respete el estricto laicismo del estado así como que las mujeres usen velo o siquiera porten un pañuelo que cubra su cabello, y por supuesto todos sus derechos están garantizados. Turquía es por tanto un país moderno y accidentalizado con deseos de progresar aun mas por esa vía. Sobre el miedo a una invasión de inmigrantes turcos, que por otra parte también tenían los franceses con respecto a España y Portugal antes de nuestro ingreso en la CEE, es evidente que no se producirá, dado que las ayudas europeas contribuirán a desarrollar, como ha ocurrido con los países ibéricos, la propia economía y a fijar la población allí, dado que a nadie le gusta ganarse el sustento fuera si puede hacerlo en su propio país. Por último, y en este mundo de principios del siglo XXI marcado por el mal llamado “choque de civilizaciones”, sería de capital importancia conseguir demostrar que la democracia y los valores humanos son perfectamente aplicables en un país musulmán y que países pertenecientes a diferentes culturas son capaces de integrarse en una superestructura como es la Unión Europea y convivir sin ningún problema en su seno. Hagamos por tanto de Turquía nuestra cabeza de puente para introducir los valores de democracia, libertad y laicismo en Oriente Próximo, donde tan necesarios son, y contribuiremos con ello al afianzamiento de nuestra propia libertad y seguridad.

10/10/2005

Paisaje despues de la batalla elctoral alemana

Paisaje después de la batalla electoral alemana. Los sorprendentes resultados de las elecciones legislativas del pasado domingo en la República Federal Alemana nos dejan un incierto panorama para el futuro de la otrora locomotora económica de Europa. El empate técnico entre los dos grandes partidos, CDU/CSU y SPD, aunque con una ligerísima ventaja de los primeros, augura una muy complicada legislatura en el solar del antiguo “Reich”. Alemania se encuentra en una situación de parálisis económica, social e incluso espiritual, que hacía especialmente importantes estas elecciones, y habida cuenta de su condición de primera economía de la zona euro, sería muy conveniente no solo para los alemanes, sino para toda Europa, que el gigante teutón encuentre el revulsivo que por fin le haga levantarse y emprender de nuevo la marcha. El estancamiento de la economía, el enorme numero de parados (cinco millones, más del diez por ciento de la población activa) y las impopulares reformas del estado social (agenda 2010) iniciadas por la coalición rojiverde, habían instalado el desanimo en el país y reducido hasta limites insospechados la popularidad del canciller Schröder y su gobierno. Esta situación se proyectó sobre el SPD, que comenzó a perder en sucesivas elecciones el control sobre el gobierno de muchos de los estados federados que controlaba anteriormente, hasta llegar a la derrota electoral en su bastión de Renania del Norte Westfalia donde llevaban gobernando 40 años. Al golpe moral se unía la perdida de la mayoría en el “Bundesrat” o cámara territorial, con lo cual la situación se hizo insostenible para el gobierno, y Schröder, en una decisión sin precedentes en la historia de la república, decidió forzar elecciones anticipadas obligando a su partido a votar en su contra en una moción de confianza presentada ante el “Bundestag”. Los democristianos, con la doctora en física Angela Merkel a la cabeza, se las prometían muy felices tan solo una semana antes de las elecciones. Todas las encuestas y estudios demoscópicos les daban como seguros vencedores de la contienda electoral, y tan solo quedaba la duda de si la victoria sería lo suficientemente holgada como para gobernar en solitario con sus socios naturales, los liberales del FDP. Sin embargo las encuestas demostraron una vez más que no son infalibles y para asombro de todos los resultados finales han dejado a la Unión Cristiano-Demócrata muy por debajo de las expectativas creadas durante la campaña y los meses anteriores a ella. Los democristianos consiguieron únicamente un pobre 35,2% de los votos emitidos, es decir, casi un 3,5% por debajo de los resultados conseguidos en las elecciones de otoño del 2002 por el primer ministro de Baviera y presidente del partido hermano, la CSU, Edmund Stoiber. Es complicado explicar como es posible que un partido político con todo a favor para arrasar en unas elecciones en lugar de ello pierda votos y diputados y consiga tan solo un empate técnico con su principal rival. La posible solución a semejante enigma podríamos estructurarla en torno a dos ejes fundamentales, la muy controvertida figura de la candidata conservadora y la desastrosa campaña electoral llevada a cabo por la CDU/CSU. Lo cierto y verdad es que Angela Merkel nunca ha conseguido calar en el electorado. Muy al contrario que otros analistas, no creo que en una sociedad tan avanzada y progresista como es la alemana, con la única excepción quizá de Baviera, la condición de mujer, divorciada y protestante, hayan sido determinantes o la hayan perjudicado en exceso. Si ha sido determinante sin embargo su condición de “ossi” pero curiosamente no en la parte oeste del país, sino en la oriental, donde se la ve como alguien que ha renegado de sus orígenes y por ello en la antigua RDA los democristianos se han visto relegados a ser la tercera fuerza política. Por otra parte, su extrema frialdad, en contraposición a la calidez y humanidad de Schröder, así como sus gravísimos errores durante la campaña (confundir bruto con neto, por ejemplo), han contribuido a mantener su índice de popularidad bajo mínimos. La desastrosa campaña realizada por la CDU tiene probablemente mucho que ver con la arrogancia de creerse seguro ganador de los comicios, lo cual lleva siempre a un exceso de confianza del que suelen aprovecharse los rivales si son lo suficientemente inteligentes. Para establecer un paralelismo doméstico, podemos compararlo con la mediocre campaña realizada por el PP y Rajoy antes de las elecciones de marzo del 2004, que pretendían ganar por goleada. En el caso alemán, el animal político que es Schröder ha aprovechado los fallos en la planificación de la campaña de Merkel para centrar todo el debate político en las propuestas de futuro de la CDU (subida del IVA del 16 al 18%, propuestas fiscales del ministro de hacienda propuesto por Merkel, “el profesor de Heidelberg”, Paul Kirchhof,etc…) desviando la atención sobre los muy fácilmente criticables siete años de gobierno “rojiverde”. Por su parte, el SPD y su líder Gerhard Schröder, desahuciados desde hacia mucho tiempo por los profetas demoscópicos, han recuperado una desventaja de 14 puntos y han perdido las elecciones por un escasísimo margen, menos del uno por ciento del total de los votos emitidos. Schröder, ebrio de uno de los más dulces vinos, el de la victoria inesperada, o más bien, el del condenado a muerte indultado en el último momento, se ha proclamado vencedor en la contienda electoral, cuando en realidad solo lo es moralmente, e insiste en mantenerse en el cargo de canciller. El SPD y su candidato han jugado muy bien sus cartas, han aprovechado los fallos y la bisoñez de Merkel, y sobre todo han sabido manejar el ya legendarío miedo al futuro (“Zukunftsangst”) de los alemanes, prediciendo el fin del estado social y todo tipo de catástrofes si la CDU/CSU ganaba las elecciones. Schröder se ha confirmado como un superviviente nato. Los resultados han dejado al resto de partidos con un cierto sabor agridulce. Los liberales han conseguido los mejores resultados de su historia, un 10% de votos, gracias sobre todo a recoger los anhelos de una cierta parte de la población de una mayor liberalización de la economía por un lado, y por otro lado los votos de los deseaban un cambio de gobierno pero no con la líder de la CDU al frente. Este resultado no es sin embargo más que una amarga victoria, porque no se ha conseguido la mayoría absoluta en combinación con los conservadores, y eso hace que las posibilidades de estar en el gobierno y por consiguiente de introducir las tan deseadas reformas se alejen bastante. Los verdes han cosechado prácticamente los mismos resultados que hace tres años, y como en el caso de los liberales se puede decir que estos tienen una cara amable y otra muy dura, que es la perdida de la mayoría con sus socios del SPD, y por tanto la salida del gobierno. El nuevo partido de la izquierda formado por el PDS, es decir, los excomunistas de la antigua RDA, sindicalistas y disidentes del SPD, con el antiguo ministro de finanzas de Schröder, Oskar Lafontaine a la cabeza, ha conseguido cerca del 9% de los votos, doblando el porcentaje de votos obtenidos en el 2002, pero a cambio han pasado a ser los apestados de la política alemana, con el resto de partidos negándose siquiera a hablar con ellos. Ello se debe principalmente a los traumas que tantos años de separación forzosa y muro de la vergüenza han dejado en el imaginario colectivo alemán, y debido a ello todo lo relacionado con los antiguos dirigentes de la RDA causa espanto, especialmente en el oeste. A esto hay que añadir la mala relación personal de Lafontaine con Schröder, considerado además como un traidor en el seno del partido socialdemócrata. Así las cosas, la única salida coherente parece ser la formación de una gran coalición entre los dos grandes partidos, como ya ocurrió durante los años 60 bajo la dirección del canciller Kurt Georg Kissinger (1966-1969). Las circunstancias, salvando las distancias, son similares, es decir, frenazo del crecimiento, aumento del déficit y del paro, y a esto hay que añadir el crecimiento de los partidos antisistema, especialmente de extrema derecha, en aquella ocasión los tres años de gran coalición consiguieron atajar a tiempo la incipiente crisis económica, pero a cambio surgió una oposición extraparlamentaria que no siempre recurrió a métodos pacíficos para expresar su descontento (protestas estudiantiles masivas, aparición del RAF o banda Baader-Meinhof). Sin duda alguna el próximo gobierno alemán va a ser una gran coalición, y si el respeto a las reglas del juego democrático sigue como hasta ahora en Alemania a la cabeza debería estar el candidato del partido más votado. Esperemos que los jefes de los dos grandes partidos dejen a un lado sus ambiciones personales, y que tengan el suficiente sentido de estado y se comporten con el suficiente patriotismo como para alcanzar un acuerdo de gobierno, ya que el país y toda la Unión Europea necesitan un gobierno fuerte y estable en Berlín. Un gobierno fuerte y con el suficiente apoyo popular como para introducir las reformas que la anquilosada economía alemana precisa para volver a activarse y enfrentarse a los nuevos desafíos de la globalización, así como para salvar el estado social alemán, que durante décadas ha sido objeto de admiración en Europa y en el mundo y del cual la propia población germana no esta dispuesta a desprenderse así como así. Desde hace una década aproximadamente asistimos a la permanente confrontación dialéctica entre dos modelos sociales y económicos, el capitalismo ultraliberal o salvaje, cuyo máximo exponente son los EEUU, y el modelo de economía social de mercado, defendido en general en Europa por los partidos socialdemócratas e incluso por una gran parte de la derecha de raíces cristianodemócratas . La nueva legislatura que se inicia en Alemania será capital para comprobar la viabilidad del modelo de estado social en el contexto del mundo globalizado, y por el bien de todos los que creemos en la justicia social y el estado del bienestar, esperemos que todo salga bien.

9/06/2005

El huracán anticapitalista

(También publicado en mi bitácora de Barrapunto el 8 de Septiembre de 2005)

Tras el paso del huracán Katrina por el sur de Estados Unidos hay un juicio que el espectador imparcial ha podido constatar una vez más: que cada uno interpreta la realidad de la forma que más se adapta a sus esquemas mentales. Este hecho, conocido e investigado sobradamente por los psicólogos cognitivos, nos basta para explicar el 90% de la producción de columnistas y comentadores profesionales. Si observan con cuidado, notarán que la gran mayoría de la opinión que se lee en los periódicos consiste en tomar un hecho reciente y elaborar sobre él cierto argumento que viene a confirmar que las ideas del autor --y ya puestos, del medio que le paga--, son las más veraces y certeras del mercado. Katrina no ha creado una excepción.

Podemos verlo, por ejemplo, en quienes han aprovechado para confirmar sus críticas al capitalismo. Resulta que la tardanza en evacuar a los afectados y la rotura de las presas prueban que el liberalismo es un error, puesto que es necesario un estado fuerte para enfrentarse a calamidades como esta. Por lo visto, el liberalismo propugna que se ignore a los ingenieros que advierten de que una presa puede romperse y también que se edifique bajo el nivel del mar y que, habiendo autobuses y helicópteros disponibles, estos se dejen aparcados mientras la gente necesita ayuda. Según parece, estos consejos se encuentran en Adam Smith y todos sus discípulos que, como bien se sabe, han elogiado siempre la incompetencia.

Pero puestos a ser tan superficiales, ¿no podríamos darle la vuelta a todos estos argumentos? La construcción y el mantenimiento de las presas era una tarea pública. Podríamos decir que la rotura prueba que estas tareas deben estar en manos privadas. Lo mismo en cuanto a la evacuación y el realojamiento: podría decirse que debieran haber sido encomendadas a un privado y hasta ahora inexistente "seguro de protección contra catástrofes naturales". Pero estas conclusiones son tan ilógicas como las opuestas.

¿Recuerdan el accidente de tren de Ladbroke Grove, en el Reino Unido, en el que hubo 31 muertos en 1999? Muchos dijeron que el problema estaba en que una compañía privada no podía hacerse cargo de la seguridad de las infraestructuras. Sin embargo, muy pocos recordaron entonces el accidente de un año antes, en el que un ICE descarriló y chocó contra un puente matando a 101 personas en Alemania, donde los ferrocarriles son gestionados por una empresa pública. Pero es que la tarea de hacer estadísticas, análisis cuidadosos y comentarios bien fundados es demasiado difícil. Es mucho más fácil usar cualquier acontecimiento para reafirmarnos en nuestras ideas previas.

Siendo rigurosos ningún sistema, ni gobierno ni empresa privada, estará nunca totalmente a salvo de la incompetencia. Y realmente hay muy poca gente que sostenga que el estado debe reducirse a cero y cruzarse de brazos cuando ocurre alguna calamidad. Debe, además, regular las actividades de todos para garantizar que los riesgos ante la incompetencia sean mínimos. Lo que el liberalismo económico sostiene es, sencillamente, que el estado no debe intervenir en los intercambios libres entre ciudadanos. Y nadie pone pegas a que paguemos con impuestos un sistema eficiente de protección ciudadana. Pero que no se diga que a partir de ahora las subvenciones agrícolas o las restricciones a la importación de textiles chinos están justificadas porque así un estado fuerte podrá echarnos una mano cuando venga el próximo huracán.

Que el estado debe existir no es algo que se cuestione con frecuencia. Cuál debe ser exactamente su extension y naturaleza es lo difícil de determinar. Y las actitudes de todo o nada, blanco o negro son buenas para dictar consignas pero poco serias en una discusión racional. Así pues, dejemos de simplificar nuestras ideas y las de nuestros oponentes. El huracán Katrina se ha llevado muchas vidas; esperemos que no nos robe también nuestra capacidad de crítica.

9/05/2005

El modelo de la Wikipedia

(Publicado en mi bitácora de Barrapunto el 8 de Agosto de 2005.)

La principal crítica que se hace a la Wikipedia o al uso de internet para buscar información es la ausencia de filtros para separar los mitos o las opiniones infundadas de la realidad. La democracia, se dice, no puede ser el árbitro de la verdad. Hay bulos que se han difundido hasta convencer a la mayoría de su veracidad. Por ejemplo, alguien comentó la leyenda sobre los millones que invirtó la NASA en diseñar un bolígrafo espacial, mientras los rusos usaban lápices. Mucha gente piensa que eso es cierto. Pero claro, algo no es más cierto porque más gente piense que lo es.

A esas afirmaciones no se las puede calificar sino de elemental sentido común. Pero quien las esgrime para criticar al modelo de la Wikipedia confunde absolutamente los términos y yerra el tiro, apuntando hacia el relativismo epistemológico para atacar a un proyecto que ni está hecho por cínicos postmodernistas que han dejado de creer en la verdad objetiva ni fomenta en modo alguno esta visión. El error de esos críticos ha aparecido incontables veces en la historia del pensamiento y consiste en confundir la verdad misma con los procedimientos que empleamos para descubrirla. La Wikipedia, en definitiva, no es más que una nueva forma de transmitir y evaluar el conocimiento, pero no se arroga la virtud metafísica de conformar la realidad.

Para entender lo que digo comparemos la Wikipedia con otras fuentes de conocimiento más tradicionales y veamos que en realidad no son cosas tan distintas. En el modelo tradicional, nos informábamos de un tema recurriendo a una autoridad. ¿Queríamos conocer la fecha de nacimiento de Alexander Hamilton? Pues recurríamos a un experto en este personaje. ¿Queríamos entender la fuerza de Coriolis? Pues preguntábamos a un catedrático de física. Por supuesto, dado que estas autoridades no siempre eran accesibles, se recurría a los libros y a enciclopedias como la Britannica, escritas y supervisadas por escolares de prestigio. Ahora bien, nadie pensaba que las cosas fuesen ciertas sólo porque las decía melanito o funganito. No, es sólo que como no teníamos el tiempo o la capacidad de recabar la información por nosotros mismos o acceder a ella directamente, habiamos de guiarnos por un sistema de confianzas que la sociedad, con sus universidades, sus premios y sus estructuras de prestigio había construído para nosotros. Pero ¿quién otorgaba esa fiabilidad tan necesaria para que todo funcionara? ¿qué hacía, después de todo que a tal hombre lo llamáramos sabio distinguido y a tal otro charlatán? El principio sobre el que todo el sistema descansaba no era en definitiva sino el consenso social. Una opinión mayoritaría nos decía que los catedráticos de física eran los que más sabían de física y guiados por eso creíamos confiadamente en lo que nos decían tales señores.

En este momento internet entra en escena. Gracias a ella podemos estar en contacto directo con millones de personas de todo el planeta. Poco a poco, otro modelo parece posible. Tal vez esa figura de la autoridad, intermediaria entre el consenso social y el conocimiento, sea prescindible. Esa, y no otra, es la revolución de la Wikipedia. No pretende conformar nuevas verdades ni transformar las estructuras básicas del conocimiento, sólo hacer más transparente y directo el camino entre nosotros y las verdades que no podemos observar inmediatamente.

Nadie dice que la Wikipedia no tenga fallos, pero son esencialmente los mismos de los que adolecía el modelo autoritario. Por ejemplo, es un mito común en la física la creencia de que la fuerza de Coriolis hace que el agua gire siempre en sentido diferente en los desagües de ambos hemisferios. Una falsedad tan fácil de refutar por la observación directa de un lavabo (la influencia de la fuerza de Coriolis es varios órdenes de magnitud menor que el efecto de imperfecciones o asimetrías en el recipiente o la rotación inicial del agua) se mantiene sin embargo en las aulas de física desde hace años. Yo mismo que oído a profesores y catedráticos recitarla una y otra vez sin cuestionarla. La Wikipedia, sin embargo, menciona el asunto y el error sin dejarse engañar.

Hoy vemos crecer y fortalecerse al modelo Wikipedia. Nadie sabe cómo será el futuro, así que no podemos decir si las autoridades del conocimiento desaparecerán o convivirán felizmente con las nuevas formas de transmisión del saber. Lo que sí sabemos es que la Wikipedia, aún en su niñez, es ya una fuente inabarcable de conocimientos que haríamos mal en despreciar. Y la fiesta no ha hecho sino empezar.